Una sombra al frente
Director: Augusto Tamayo San Román
Artistas: Diego Bertie, Vanesa Saba
País: Perú
Año: 2007
Mayores
Comentario de un sacerdote, primo hermano de Augusto Tamayo San Román, acerca de la película “Una sombra al frente” y de las criticas publicadas en los diarios y a través del Internet.
Prolegómenos
1. Escribo este comentario por las siguientes razones:
· La cercanía en estos dos últimos años a mi primo Augusto Tamayo San Román con quien he conversado tantos temas relacionados con nuestra familia y con la historia del Perú.
· La película está inspirada en una novela de mi tío Augusto Tamayo Vargas que recoge una parte de la vida de mi abuelo y por lo tanto de la historia familiar.
· Como sacerdote católico la gente me pregunta mi opinión sobre la película de mi primo, (como es lógico apuntan más a que les de un consejo sobre los aspectos morales de la ética cristiana).
2. La película la ví con mi familia antes del estreno y luego leí las críticas en los diarios y a través del Internet.
3. Mi primo Augusto me advirtió (más de una vez) que la película no era una historia de la familia sino una creación suya basada en los datos históricos que recoge la novela “Una sola sombra al frente”. Con mucha delicadeza trataba de decirme que quizá podría no estar de acuerdo con algunas secuencias de la película. Agradezco mucho sus advertencias porque me ayudaron a situarme bien.
4. No soy crítico de cine ni especialista en la materia. No pretendo, ni me debo meter en los temas que no conozco porque no son de mi especialidad. Respeto mucho la película y a los entendidos que han hecho las críticas. Mi comentario es una opinión que toca distintos aspectos alrededor de la película que tal vez ayude a entenderla mejor. Quizá ponga más énfasis en la historia de la película y sus repercusiones que en la película misma. De ésta solo diré, como cualquier espectador, lo que me gustó y lo que no me gustó, desde un punto de vista personal.
Comentario
La película “Una sombra al frente” de Augusto Tamayo San Román trasciende a la presentación y puesta en escena de la misma, porque es un proyecto ambicioso del director y guionista, que mira más allá de una competitividad comercial e incluso de los mismos premios.
Para empezar y poder entenderla, -según mi criterio-, habría que conocer la trayectoria y la elaboración conceptual del director. “Una sombra al frente” no es una película más que se suma a las anteriores o que compite con ellas, es consecuencia de un proceso de construcción donde se dan avances que surgen de las convicciones y también de las dudas. Las dudas le dan un tono respetuoso, sin disminuir las convicciones. Es un modo de entrar sin atropello ni arrogancia. Es un modo de entrar elegante que podría verse como una timidez o falta de aplomo, si se desconocen las intenciones de fondo. Los grandes personajes de la historia han caminado también con muchas dudas.
La presentación de AET tiene estas características que reflejan también la línea marcada por su creador. Hay que tener en cuenta que si bien la película se basa en hechos históricos y entrañablemente queridos por tratarse de la propia familia, es una película de ficción, una creación del propio director, que ha querido darle unos matices al protagonista principal y al desarrollo de toda la obra.
Hay que destacar, y esto nadie lo puede dudar, el trabajo que ha costado la realización de esta película. Es difícil encontrar, al menos yo no conozco otra película peruana similar, donde se cuiden los detalles en los cuadros de la época. Me hizo recordar a Zeffirelli en “Jesús de Nazareth”. Las tomas de la selva son nítidas, hay muy buenos paisajes. Quizá faltaba un poco más de movimiento como en “Apocalipto” de Mel Gibson. Sin embargo esas escenas están bien trabajadas y captan el interés del espectador, aunque no estén al alcance los efectos especiales de una tecnología moderna.
Fui con ilusión a verla, con las advertencias que me habían hecho. Quise ver la creatividad de la ficción, sin tener demasiado en cuenta los datos de la historia familiar. Estando en el cine al lado de mi familia era muy difícil no estar al tanto de la historia real. Las mismas escenas que se iban presentando traían los interrogantes (¿y ese es el tío,,,? ..y ¿dónde está la abuela?), eran inevitables las preguntas que nos hacíamos mirando la pantalla. Estaba interesante, además sentía que iba creciendo en mi el interés histórico. Pienso que a los demás espectadores les podría ocurrir lo mismo. Las cosas que empiezan a sonar con la ficción y tienen una verosimilitud, dejan canales abiertos para que crezca un interés por lo real, que además, en este caso, reflejaban valores de trascendencia nacional y por lo tanto eran también históricos.
Sin embargo, en mi opinión “Una sombra al frente” con sus connotaciones históricas no es, una obra terminada en sí misma. Es más bien como un inicio o un “aperitivo” que motiva, y por eso uno quiere más. Tanto en las escenas de la selva como en las de la Lima antigua que encantan y cautivan, uno se queda con deseos de más. Pienso que el director ha dejado unos hilos sueltos para continuarlos más tarde con otros proyectos.
Historia y creación son, a mi entender, dos metas constantes del director. Por un lado desea estrechar las distancias entre el pasado y el futuro, y por el otro nos pide permiso para crear y buscar lugares acertados para transmitirlos luego con arte. Nos pide que vayamos entendiendo poco a poco el arte de su creación. Es un camino difícil para él por las características de la época actual y más difícil para quien observa su obra atendiendo sólo al producto acabado o se apresura a ir a los manuales para ver si encaja.
La valoración de un director de cine peruano que busca los orígenes con ahínco y sin desánimos y que se ve reflejada en sus últimas películas, es un dato importante que no se puede soslayar. Hay una riqueza de conceptualización que proviene del estudio y la investigación y que está unida también a sentimientos profundos. Es un proyecto personal que tiene una originalidad específica. En esto también hay mérito y hay que considerarlo.
El arte de la comunicación
En cuanto al arte, habría que recordar que no es lo mismo Shakespeare que un extraordinario profesor de Literatura. El genio y artista tiene un valor que difícilmente puede alcanzar el erudito. El arte es la “recta ratio factibilium” la “recta razón de la producción de las cosas”, donde intervienen la estética, la intencionalidad, la capacidad de transmitir y la finalidad de las cosas. Aunque puedan hacerse distintas lecturas de una obra, el autor o el creador ha hecho su obra con una intencionalidad y ésta responderá también a la realidad de las cosas.
En “Una sombra al frente” hay muchos elementos interesantes (ingredientes de calidad) y una genialidad (revivir el pasado para rescatar valores y transmitirlos al presente), un intento que otros directores no han hecho. Hay una capacidad indiscutible y una intencionalidad que vamos descubriendo (también con la trayectoria del director).
Max Scheller, el padre de la Axiología, decía que los hombres hacemos nuestras valoraciones de acuerdo a nuestros conocimientos y a nuestra subjetividad, pero había que atender a la finalidad de la objetividad de las cosas, que es en definitiva la verdad, y ponía como ejemplo a 4 hombres de distinta procedencia que al contemplar la Catedral de Colonia daban sus apreciaciones: el alemán decía que era un monumento construido para la gloria Alemania, el arquitecto afirmaba que era una obra de arte colosal, el comunista la criticaba diciendo que era un monumento más del imperialismo y un insulto para los pobres y al final, el católico afirmaba que era una obra hecha con el amor de los hombres para la gloria de Dios.
Se preguntaba Max Scheller sobre quién tendría la mejor apreciación y decía que el último porque esa era la finalidad de la catedral y además, esta apreciación tendría unas connotaciones de amor más apropiadas para acertar en el juicio, como se ve por la lógica. Decir que la del católico era la más acertada no disminuía la valoración que pudieran hacer los otros, cada uno en su campo.
La apreciación del arte lleva también consigo el descubrimiento o el entendimiento de la intencionalidad en un cuadro de realismo. El artista no puede dejar de lado la objetividad de la verdad que se impone sola. También es necesario, por parte del espectador, una apertura, una honradez y una amplitud de miras para darse cuenta de lo que tiene por delante, de lo que se busca con lo que se le está enseñando y de cómo deben ser las cosas de acuerdo con la realidad. Por eso al ver las obras muchas veces los espectadores suelen decir: “debería ser” Esto último es inevitable, está arraigado en la antropología del ser humano. A veces pensamos que son sólo puntos de vista subjetivos y no valoraciones de realidades objetivas. Pueden haber aciertos o errores en las apreciaciones pero todos tendemos hacia la verdad que ya está dada. Luego el hombre, con libertad, podrá aceptar o no la obra que se le entrega.
Las obras en definitiva, son los productos de las personas. Las personas quieren transmitir algo con sus obras. El artista destacará con su talento en esa transmisión pero sin olvidar lo que son las cosas. El espectador que aprecia la obra también va descubriendo qué cosa es lo que busca o hacia dónde apunta el autor. Puede juntarse al a él si es persuadido, para buscar o descubrir juntos en la dirección que le está señalando. Algunas veces será lanzarse a una aventura motivada por el mismo autor que inspira confianza. El autor o director es un líder que arrastra. Tiene su gente. Por eso no debería salirse de un marco realista donde se afirma, con honestidad, lo que son las cosas.
En el caso del cine es muy importante lo que quiere el director y cómo consigue que los artistas transmitan lo que él quiere. Hay una suerte de “dictadura” aceptada por los artistas que quieren identificarse con el papel que el director le entrega. Se consigue una unidad de comunicación muy entrañable (suele crearse entre ellos un ambiente como muy familiar) para que los artistas también puedan comunicar lo que realmente se debe comunicar. El mejor artista es el que comunica mejor lo que se debe transmitir. El director debe ser un gran comunicador y un gran ejecutor; también artista.
El valor de los cánones y las normas
En la historia de la Iglesia, que ha estado siempre muy ligada a la cultura, aunque en ocasiones se ha querido desvincularla, se ha distinguido bien entre los artistas de la liturgia y los otros artistas que han intervenido con su creación tomando elementos de la religión. Los primeros son los que la Iglesia forma para que puedan transmitir a través del arte las verdades trascendentales de la religión. Son personas que con su amor a Dios y siguiendo unos cánones (normas) de la liturgia mueven a las personas con el arte para que se acerquen más a Dios. Por ejemplo el canto Gregoriano o los Iconos Bizantinos que se multiplicaron en las iglesias orientales. Son artistas dirigidos. Ellos logran una unidad de comunicación con los que dirigen y con todos los que aprecian el arte, que es un vehículo de comunicación de los temas que los unen.
Al mismo tiempo han existido otros artistas que han hecho sus obras al margen de los cánones de la Iglesias. Unos han sido aceptados y otros no. A estos últimos se les deja fuera cuando su obra desvirtúa la finalidad. No se puede aceptar como arte algo que vaya contra ciertas normas o parámetros establecidos para que se cumpla una finalidad, o algo que vaya directamente contra la propia finalidad.
He traído a colación estos requerimientos de la Iglesia porque paralelamente en el cine hay una suerte de liturgia y aunque se diga que se respeta la libertad de todos, existen lógicamente unos parámetros, una normatividad y esta está marcada fundamentalmente por la idea o la creación y ésta a su vez debe regirse dentro de unos cánones, que aunque son más generales, no permiten un desquiciamiento. No van contra la libertad.
La realidad de las cosas determina también la idoneidad de los medios. Se deben emplear los mejores medios, allí está el arte, en la calidad de los medios para transmitir algo. Son capacidades que se despliegan con mil matices: persuasión, sentimientos, pasiones, deseos, ilusiones, criterios, ideología. El artista tiene que tocar las cuerdas en las notas precisas y en momento adecuado siguiendo la dirección de la batuta.
También se puede hablar del arte en el deporte cuando un equipo, además de ganar, ofrece un bello espectáculo que hace vibrar a la gente. Siempre hay un director (entrenador). Hay también partidos que se juegan con las mejores estrellas y no logran entusiasmar a la gente. Están en la mejor cancha, con los jugadores más caros del mundo, con el público a favor, pero ese día no salieron las cosas, aunque se pudo haber ganado. No se perdió pero no vimos un espectáculo de goles. Es solo un partido y no tiene mayor importancia.
Con el cine pasa algo parecido, pueden estar todos los ingredientes pero faltó el “ángel” con alguna película determinada. Esta ausencia del impacto deseado no resta la calidad y el valor del trabajo realizado ni el mérito de los artistas. Son coyunturas formadas por elementos que se juntan en unas circunstancias determinadas por apreciaciones subjetivas que también tienen un valor y que ayudan a encontrar mejores formas de transmitir y a conocer mejor las valoraciones de otros. Vienen bien y se agradecen.
Aunque también conviene recordar que no necesariamente las películas más exitosas desde el punto de vista del impacto (o las más taquilleras) son las mejores o las que más influyen en la sociedad. Quizá estamos acostumbrados a darle un valor un poco elevado al rating o a las estadísticas. Existen películas que sin ningún impacto comercial y con una carga de críticas encima, han sido exitosas para el bien de la sociedad. El ir contracorriente también es un signo de audacia para lograr los ascensos de los valores perdidos.
Otras veces parece que estuviera en vigencia el refrán de que “nadie es profeta en su tierra”. Algunos artistas han tenido más éxito y más acogida en el extranjero que en el Perú. Yo creo que son excepciones que confirman la regla. Nunca faltará el juego sucio de la envidia que también entra a formar parte en los condicionamientos humanos. Son cosas que muchas veces no podemos evitar.
“Una sombra al frente” es, como decía Augusto Tamayo, una película de ficción basada en datos históricos y familiares. Puede gustar o no. Cada uno tendrá su opinión al respecto. Yo prefiero ver películas históricas que de ficción, pero no puedo negar que “Una sombra al frente” motiva el conocimiento de la historia, y es porque su director tiene pasión por la historia y quiere entrar en las distintas épocas con profundidad y detalle. Ojalá reafirme esa vocación suya que es necesaria para el cine peruano.
En cuanto a los aspectos morales hay que rescatar las virtudes de AET que refleja Diego Bertie en la película. Se percibe la tesón y audacia de un ingeniero empeñado en la construcción de carreteras y en las comunicaciones, con un gran amor a su país. Se ve también el hombre dubitativo que le cuesta decidir, algo rígido y duro en algunas expresiones. Se esconde en esta conducta una responsabilidad que lleva como encargo bien grabada en el fondo de su alma. La película tiene la clave pedagógica de la reiteración. Me recuerda a miss Sullivan educando a Helen Keller en la maravillosa película “La maestra milagrosa” donde hay reiteraciones hasta el hartazgo.
Hay películas muy buenas y otras que son muy malas. Las películas perfectas no existen. Por lo dicho anteriormente considero que “Una sombra al frente” es una película buena. Las películas buenas también tienen defectos, como las personas. Lo que se considera defectuoso no suele gustar. Los que escriben las criticas han señalado los defectos que creen ver en la película, los espectadores pueden ver otras cosas. Para mi lo único defectuoso (que quizá ahora ningún crítico menciona) son las escenas eróticas, son escasas pero no me parecen acertadas. Quitaría los desnudos que más que ayudar le quitan fuerza a la película. Vemos que esto sucede con las películas que cargan las tintas por allí. Con ésta no ocurre eso, pero, según mi opinión, esas escenas están demás. Un hombre no demuestra sus virtudes acostándose sin más con una mujer, serían más bien unas debilidades que no es correcto mostrarlas. El cine en general debería redescubrir la virtud del pudor. Es una virtud que guarda lo íntimo y no lo pone a la vista de todos. Es también una decisión de vivir correctamente sin utilizar a las personas para tener un placer. Es en definitiva lo que nos enseña la moral católica, que no ha pasado de moda y es otro valor importante que se debería rescatar, a mi entender.
Pienso que las películas de Augusto Tamayo están bien encaminadas para lograr un cine de calidad en el Perú con un influjo grande en otros países del mundo. Reitero mi felicitación por “Una sombra al frente” y le deseo muchos éxitos en el futuro.
Quisiera terminar este comentario con unas palabras del Papa Benedicto XVI que anima a los cineastas para que filmen lo inefable. El Papa invita a quienes trabajan en el campo de la cinematografía a “desarrollar un cine de calidad que, evitando aspectos tantas veces reductivos, proponga valores universales y os de convivencia ciudadana que favorezcan también el diálogo entre los pueblos y una cultura de paz… Es importante recuperar, o incluso crear, nuevos lenguajes expresivos capaces de manifestar esa dimensión profunda y trascendente de la existencia humana…”
Manuel Tamayo
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