LA VIGILIA
Director: Augusto Tamayo San Román
Artistas: Gianfranco Brero, Stephanie Orúe
País: Perú
Año: 2010
Contenidos: V, S, D, X
Público: Mayores
Argumento:
Encuentro violento en una larga noche de dos personajes opuestos: un intelectual de clase alta llamado Edgardo Chocano (Gianfranco Brero) y una joven marginal, Jessica (Stephanie Orúe), que aparece en la residencia del intelectual huyendo de una pandilla de delincuentes que la persigue.
La película refleja los dos mundos distintos y se va dando entre ellos un entendimiento mutuo en situaciones tensas y difíciles.
Comentario:
Es una película que cuando has terminado de verla comentas con la persona que tienes al lado, sin mayores entusiasmos: “me ha gustado” y le das una nota aprobatoria al cine peruano, al director de la película: Augusto Tamayo San Román y a la magnifica actuación de los artistas: Gianfranco Brero y Stephanie Orúe.
El desconcierto de Edgardo Chocano por la intrepidez y desparpajo de Jessica, que con su aparición produce un ambiente sórdido y angustioso, es contagiado al espectador que rechaza naturalmente ese tipo de incursión en un primer instante, pero luego queda hipnotizado por un asombro que se apodera de él y le empiezan a venir a la cabeza una lluvia de interrogantes. Es como si hubiera llegado de sorpresa y de forma violenta un extraterrestre que trae novedades . El susto y el desagrado inicial son inevitables, pero luego la expectación de un mundo distinto, tienta a la curiosidad y permite aguantar un poquito más las vulgaridades irritantes, para descubrir algo que parece interesante: otra manera de ver la vida dentro de un mundo safio y violento, auscultándolo a través de la conducta lábil de Jessica.
Debemos advertir que existe una diferencia entre los espectadores que vemos la película y Edgardo Chocano (aunque coincida el mismo estrato social). A Edgardo se le presenta Jessica que es de “otro mundo” y a nosotros, los espectadores, nos presentan a Edgardo, a Jessica y luego a la relación que van teniendo entre los dos, a pesar de sus diferencias. El espectador que procede del extracto social de Jessica también verá con asombro esa pintoresca conjunción.
En la pantalla se nos pone un conflicto violento en su esencia. Una relación humana con escarnios, pero sin crueldad, donde el resentimiento no llega al odio destructor, sino más bien a una cierta admiración por quien logró tener riquezas y poder. Por parte de Jessica hay como una superación de la envidia y una conquista, todavía inmadura, de un sentimiento de superación, elevación de su status y una esperanza de vida más acomodada, que incluye a su “victima” como cómplice bueno y tal vez paternal.
Con la pantalla fija y la imagen a ratos congelada, abundan gestos con primeros planos que dibujan sensaciones encontradas y actitudes que van cambiando por reflexiones meteóricas de los dos. No se sabe qué van a decidir. Mientras el ovillo con hilos entrecruzados complica más la suerte de la madeja, trascienden del fondo del alma de cada uno, las heridas que los atrapan.
Creo que para todos los espectadores es evidente que ambos personajes tenían, antes de conocerse, importantes conflictos internos y vivían en un estado de esclavitud, aspirando la libertad y por ende la felicidad. El realismo del drama refleja la situación actual de muchas personas.
No deja de ser preocupante el ambiente de soledad en el que vive Edgardo Chocano. El poseer una bella mansión bien decorada y llena de recuerdos le da una apariencia de poder que es ficticia. Se puede apreciar que él había perdido, por circunstancias de la vida, algunos valores que antes tuvo (seres queridos) y se ha quedado encerrado en sus buenos modales y su cultura intelectual, sin mayor esperanza que subsistir. Su ética parece estacionada en la teoría. La incursión de Jessica lo va a salvar de esa situación, que tenía apariencia de una vida lograda y equilibrada.
Jessica que viene de un mundo deprimido y violento, donde la miseria y la escasez son habituales, encuentra en Edgardo y su mansión la llave para la conquista de un mundo mejor. Sus heridas trascienden con el dolor del desprecio ajeno y de un modo insolente busca la curación. Edgardo, que estaba atrapado por la soledad, empieza a sentirse útil para ella, porque ve que con su tolerancia y sus propias cosas materiales puede conseguir aliviarla. Le da los vestidos, la comida y la casa. Le dice que puede coger lo que quiera y que no se preocupe. Le hace caso, guardándose los consejos que podría darle y la escucha estudiando sus reacciones.
Es admirable ver que Edgardo, un hombre que por su cultura y posición tendría muchas cosas que hacer, deje todo y se dedique por entero a Jessica. En ella descubre el valor del amor al prójimo necesitado, herido y tal vez corrompido. Es una suerte de buen samaritano que además es maltratado por la persona que quiere curar. Estamos en la esencia del espíritu cristiano. Todo esto se produce después de la incursión de Jessica. Antes había sido un ilustre intelectual bonachón y candelejón, que vivía arrumado entre sus cosas con una aparente tranquilidad.
La película nos advierte de la existencia de mundos cercanos y trágicos, que son totalmente desconocidos para muchísima gente que vive metida entre sus cosas. La comunicación entre los dos mundos, aunque sea agresiva, valió la pena para lograr los acercamientos y posibles entendimientos. Cuando alguien es secuestrado y vive una situación similar, se da muchas veces el llamado “síndrome de Estocolmo” que acerca al agresor a la víctima con una suerte de entendimiento y de afecto.
En esta película podemos apreciar como al salir las heridas del fondo del alma crece el deseo de lo trascendente. Jessica en un momento de catarsis después de sus manifestaciones violentas, se detiene delante de los cuadros de la Virgen y los crucifijos y los mira con cariño, como buscando algo, y en un atisbo de reflexión se imagina que Edgardo puede ser sacerdote. En ese momento su lenguaje agresivo y mordaz, se transforma en un lenguaje delicado de sometimiento y de perdón. Edgardo sabe acusar recibo de esos cambios que le conmueven, pero en él, siempre, la procesión va por dentro. Por ahora le impresiona más Jessica que sus cuadros religiosos y recuerdos. Al contrario de lo que sucede con Jessica, abandona un poco su ética y añade a sus sentimientos “paternales” un matiz erótico. No era necesario el desnudo en esa situación apremiante que más bien desvía el seguimiento de los temas profundos.
Se percibe a lo largo de la trama una búsqueda constante de valores trascendentes, como ocurre con la famosa película “Sexto sentido” donde los fantasmas que veía el niño eran una llamada a la espiritualidad. Aquí los signos religiosos piden algo. Primero a la intrusa y luego a la víctima.
Siguiendo la trama de la película, cuando Edgardo empieza a conocer cómo vive Jessica las cámaras nos llevan a los ambientes marginales con escapadas nocturnas como las del cementerio donde se presenta una escena grotesca de los amoríos de Jessica espectada por Edgardo que se escandaliza y se traga la hiel con asco, haciendo esfuerzos para no llamar la atención. La escena es demasiado larga y explícita. No era necesario reflejar tanto los apasionamientos sensuales para dar a entender las inclinaciones de Jessica.
Todo lo que ocurre después no es más que el desenlace de lo que había antes. Cada uno permanecerá en su propio status. Las demás personas continuarán su existencia dentro de los esquemas de siempre. Jessica seguía perseguida y Edgardo, que era inútil como guardián y defensor sigue prestándose a faenas que nunca había hecho y tiene que pasar por momentos apremiantes y desagradables. Metido dentro del mundo de Jessica escapa junto con ella de las persecuciones de los delincuentes y termina dentro de una iglesia. Ahora él tiene un encuentro con otras imágenes, que no son las de su casa, éstas le recuerdan y le inspiran los valores trascendentes que están faltando. Se percibe un deseo y búsqueda de Dios que le sale del fondo del alma, cuando el cuerpo está cansado y sudoroso. No se notan los entusiasmos, sí las advertencias.
El final es más claro, junto a la Cruz y la imagen de la Virgen, ve el desenlace del mundo violento de Jessica. Murió, como se suele decir, en su propia ley.
Efectivamente la libertad absoluta que lleva a la autonomía de la conciencia es la esclavitud más grande que el hombre pueda tener. La vida se convierte en un laberinto y pierde su sentido. La verdadera libertad se alcanza cuando se respeta la ley que está escrita en la propia naturaleza del hombre para que haga el bien y rechace el mal. Las nociones de bien y mal no son subjetivas, responden a la objetividad de la verdad. Los entendimientos que hay entre las personas deben estar en el camino de la búsqueda de la verdad. Esos son los valores trascendentes que deben ser las motivaciones principales de las personas. Esas motivaciones llevan a interesarse por el otro, para ayudarlo, sin buscar ninguna recompensa y beneficio.
Es una película realista que refleja mundos actuales. Los cuadros están bien logrados, son artísticos. Buen movimiento de cámaras y una secuencia que coge al espectador hasta el final.
Datos
1. Película peruana hecha con un presupuesto muy reducido.
2. Los dos actores, los únicos, trabajan muy bien.
3. Buen movimiento de cámaras, cuadros artísticos sin efectos especiales.
4. Un desnudo lejano y una escena de sexo (sin enfoques explícitos) en la penumbra.
5. Lenguaje soez y vulgar.
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