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Archive for 30 enero 2017

Taxi Therán

TAXI TEHERÁN * * *

Director: Jafar Panahi
Artistas: Jafar Panahi, Hana Saeidi, Nasrin Sotudé
País: Irán
Año: 2015
Contenido:  Ok   Apta para todos los públicos

Argumento

Un taxi recorre las vibrantes y coloridas calles de Teherán. Pasajeros muy diversos entran en el taxi y expresan abiertamente su opinión mientras charlan con el conductor, que no es otro que el director del film, Jafar Panahi. Su cámara, colocada en el salpicadero del vehículo, captura el espíritu de la sociedad iraní a través de este viaje. (FILMAFFINITY)

Datos

1. Ganó el Oso de Oro como la mejor película extranjera del Festival de Berlín.
2. Parece que la prohibición de filmar impuesta por el Estado iraní desde 2010 al cineasta Jafar Panahi detonó su creatividad.
3. Para vencer la vigilancia y la censura, al director se le ocurrió convertirse en chofer de taxi, colocar un par de cámaras en su interior y entrelazar una serie de historias que de manera emotiva muestran un mosaico de la sociedad de aquel país y retrata sus circunstancias.
4. El resultado es Taxi Teherán, un espontáneo largometraje que mezcla momentos de humor con algunos otros dramáticos, que reserva la parte medular a un discurso político que entrega férreas críticas al gobierno de su país.
5. Las historias de Panahi son tan contundentes que logran superponerse a una propuesta visual simple con clara influencia de los reality shows que inevitablemente causan desconcierto durante los primeros minutos.
6. La película de quien fuera discípulo de Abbas Kiarostami mezcla el documental con ficción, cuya línea es apenas perceptible gracias al montaje dinámico del propio Panahi, quien además de actuar, dirigir y escribir el guión, se encargó también del sonido.
7. Taxi Teherán se convirtió en una revelación del cine independiente y contestatario tras ganar el Oso de Oro en el Festival de Berlín, lo que sin duda influyó para que se estrene en México bajo la distribución de Cine Caníbal. (Salvador Franco)

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UNA PASTELERÍA EN TOKIO * * *

Director: Naomi Kawase
Artistas: Masatoshi Nagase, Kirin Kiki, Miyoko Asada, Etsuko Ichihara, Miki Mizuno, Kyara Uchida
País: Japón
Año: 2015
Contenido: Ok,    Apta para todos los públicos

Argumento

La vida de Sentarô, un panadero que vive en la capital japonesa y repudia hacer pasteles dulces, cambia cuando Tokue se aparece un día en su pequeña pastelería para ofrecerse al empleo que él está ofreciendo.
Tokue, interpretada por Kirin Kiki, es una anciana de setenta años que habla con los árboles, la luna y los pájaros. Después de haber padecido lepra y mantenerse internada durante años en un centro de recuperación, la mujer descubre el mundo a través de los pequeños detalles. “He hablado con las judías (semillas con las que se prepara el dulce de los pastelillos), he escuchado su voz, he visto el camino que recorrieron antes de llegar a la tienda: el sol que las abrazó, el agua que las regó. He visto cómo crecieron y cómo ahora están acá. La cocina es el arte de escuchar”.

Datos

1. Esa es la tesis de la cinta: escuchar. Dejarse llevar por los sentimientos que, aunque en este caso son heridas que no han dejado de sangrar, preparan el camino para la felicidad. La relación con el tiempo y con la muerte, a pesar de dolorosa, no es traumática.
2. Esta película vincula los personajes de una manera entrañable, pero sin ningún contacto físico. Los espacios individuales, que parecen ser enormes, intensifican los sentimientos. Largos momentos de silencio, donde el sonido del fuego en la caldera o el agua contra las judías advierten que hay más personajes, otros más allá de los humanos.
3. Todas las películas de Naomi Kawase (Nara, 1969), dramas comunes e íntimos, se relacionan en un mismo sentido: la sencillez. Kawase es una narradora de sentimientos. Su obra pareciera tener el único objetivo de revelar la trascendencia de lo simple y convertirlo, al mismo tiempo, en maravilloso. Suele ser un cine delicado en la forma, evocativo en el fondo, melancólico de tono y, por momentos, lineal en el tema.
4. Una pastelería en Tokio, su última película, no es una excepción. La apuesta por mostrar el lado misterioso de Tokio, sin avisos publicitarios, despliegue tecnológico, caos vehicular y exceso de contaminación, convierte a esta cinta en una pequeña utopía urbana. Los cerezos en medio de los parques, la luna llena y los detalles naturales realzados durante el rodaje generan un espacio conmovedor que no necesita de grandes proezas técnicas para que se desarrolle la historia.
5. Una pastelería en Tokio funciona con armonía. Con la simpleza de las mejores obras. Sobrecogedora: no hay otra forma de describirla.

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Silencio

SILENCIO * * *

Director: Martín Scorcese
Artistas: Andrew Garfield, Adam Driver, Liam Neeson, Tadanobu Asano, Ciarán Hinds
País: USA
Año: 2016
Contenido: V,   desaconsejable, cruenta y desvirtúa la realidad.

 

Argumento:

Segunda mitad del siglo XVII. Sebastião Rodrigues (Andrew Garfield) y Francisco Garrpe (Adam Driver) son dos sacerdotes jesuitas portugueses que se ven obligados a emprender un viaje hasta Japón para encontrar a su mentor, Cristóvão Ferreira (Liam Nesson). Según se rumorea, Ferreira ha renunciado a su fe de forma pública, tras haber sido perseguido y torturado.

En busca de este misionero, los dos sacerdotes vivirán el suplicio y la violencia con que los japoneses reciben a los cristianos. Y es que, en el país nipón la práctica del catolicismo no está permitida, por lo que aquellos que practican esta creencia deben hacerlo en la clandestinidad. Los misioneros jesuitas serán testigos de la violenta persecución a la que son sometidos los cristianos japoneses, que están sometidos a un régimen dictatorial que busca eliminar cualquier influencia occidental en el país.

 

Datos (crítica de Estanislao Martín Rincón)

Animado por informaciones provenientes de medios católicos que hablaban bien de la película, he ido a ver ‘Silencio’ el día de su estreno. Tengo que decir que fui un tanto receloso porque había leído críticas que me hacían desconfiar, pero por otra parte me parecía que debía aparcar prejuicios. Ahora, después de haberla sufrido, no me arrepiento de haberla visto pero si hubiera sabido lo que me iba a encontrar no hubiera ido.

Sabía que iba a ver una película dura, con escenas de sufrimiento crudo, pero con eso contaba porque se trata de una película en la que se narra una persecución religiosa. Pero esa no es la causa de que el resultado me pareciera descorazonador. Y no por aburrimiento, que no fue el caso; al contrario, me ha parecido una película técnicamente muy bien hecha y con un relato que no deja escapar la atención ni por un instante. Pero el contenido, al menos para la persona de fe, es malo, mejor dicho, maléfico, porque hace daño. No digo negativo, ni desacertado, ni erróneo, no. Malo, directamente malo y trataré de explicar en varios puntos por qué me lo parece. Lo haré en dos partes, una referida al contenido del film y la segunda sobre el contexto actual.
Sobre los contenidos de la película.
1.- Porque justifica la apostasía. No digo que muestre la apostasía, sino que la disculpa, la hace aceptable e incluso compatible con la fe. La apostasía es un pecado muy grave porque consiste en renegar del mayor bien con el que cuenta una persona de fe, por encima de la propia vida. Y es más grave aún si los apóstatas son dos sacerdotes, como ocurre en la película. En épocas de persecución religiosa la apostasía es muy fácil de entender y yo no me escandalizo porque haya apóstatas. Los ha habido ininterrumpidamente en toda la historia de la Iglesia, desde el principio del cristianismo y no creo que haya ningún valiente capaz de señalar con el dedo acusador a un apóstata, sobre todo si la apostasía está provocada por una amenaza de sufrimientos horribles o una muerte segura. Solo Dios sabe cuál es la resultante de fuerzas poderosas y contrarias que empujan en el corazón del que apostata: presión física y psicológica a la que se encuentra sometido el perseguido, horror al sufrimiento y a la muerte, abandono de responsabilidades y personas a su suerte, desvalimiento de los que dependen de uno, peso de la fe, amor a Cristo crucificado, capacidad o incapacidad para el martirio, etc.
Todo eso es comprensible, pero a un cristiano lo que le ayuda es la fortaleza del mártir no la debilidad del que reniega. Al apóstata lo juzgará Dios con su misericordia infinita y la Iglesia no ha condenado a nadie al infierno, ni siquiera a Judas, pero la persona de fe lo que necesita son los testimonios de los mártires, los que supieron resistir a pesar de las atrocidades de que fueron objeto, los que “no amaron tanto la vida que temieran la muerte” (Ap 12, 11). Yo, para debilidad, ya tengo bastante con la mía, no me hacen falta dosis de debilidades ajenas. Si además me presentan esa debilidad justificada, es muy probable que me vea tentado a justificar la mía en lugar de combatirla.
2.- Hay que evitar el sufrimiento a toda costa. Con ello se plantea un evidente rechazo de la cruz. “Cristo crucificado: escándalo para los judíos, necedad para los gentiles; pero para los llamados -judíos o griegos-, un Cristo que es fuerza de Dios y sabiduría de Dios” (I Co 1, 23-24). Esto es lo que nos dice la Palabra de Dios y esto es lo que cualquier cristiano que frecuente la Iglesia ha oído predicar en multitud de ocasiones. Pues bien, “Silencio” es un empeño constante, de principio a fin, por demostrar lo contrario. Creo que no exagero si digo que en “Silencio” se hace una enmienda a la totalidad del contenido de la Palabra de Dios en esta cita.
3.- ‘Silencio’ es el título que responde al supuesto silencio de Dios en un martirio horrible, como es el que se describe. Se trata de un título descaradamente falso como se demuestra en una escena de la película. Al espectador se le quiere convencer del silencio de Dios, por una parte ante el sufrimiento y la muerte de una comunidad de cristianos japoneses formada por campesinos pobres y desvalidos, y por otra, ante el desgarro de dos padres jesuitas voluntariosos a quienes se les pone en el dilema de apostatar o permitir el sufrimiento ajeno. Estos dos silencios son los que la película quiere poner muy de relieve. La perversidad es manifiesta: Dios calla ante el sufrimiento de sus hijos más humildes, pero en un momento dado le habla directamente al protagonista para decirle: apostata, renuncia a tu fe. En la película la prueba de apostasía consiste en pisar un relieve de Jesucristo y es el propio Cristo el que le dice interiormente al jesuita: “Písame”. O sea, que para animar a renegar Cristo sí habla. Dios calla cuando sufres pero habla para que peques. Algo así como si Cristo le hubiera empujado a Judas a traicionarle susurrándole al corazón algo como esto: Ánimo Judas, entrégame, debes entregarme. ¿Hay mayor impiedad que presentar a Dios como fuente del mal?
4.- El budismo y el cristianismo en el fondo son lo mismo. Reconozco que esto hoy entra muy bien en muchos oídos. Ya llevamos tiempo oyendo a muchos que están convencidos de que a fin de cuentas todos los credos son iguales. No pretendo argumentar sobre este error inadmisible para un cristiano. Basta decir que esa postura contradice el mandato final de Cristo: “Id y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado” (Mt 28, 19-20). Si todos los credos son igualmente válidos, ¿qué sentido tiene que la Iglesia sea misionera?
5.- En la película queda claro que el cristianismo no puede cuajar en Japón. También esto contradice las palabras anteriores del Señor: “Id y haced discípulos a todos los pueblos”.
Hasta aquí estos cinco postulados que yo he visto que la película defiende y justifica. Dicho de otro modo: desde diversas instancias católicas se está presentando como película recomendable para los católicos una película que ataca directamente algunas verdades de fe, que se permite corregir a Cristo y contradecir a la misma Palabra de Dios revelada en las Escrituras.
Sobre el contexto actual.
Reconozco que me resulta fácil y cómodo ver la película y criticarla. En ambos casos lo hago confortablemente, en un país con libertad religiosa aceptable y sin amenazas de ningún tipo. Más aún, escribo esto en parte porque con mi propia iniciativa concurre la petición de personas conocidas para que exprese mi opinión en público.
Ahora bien, mientras que yo voy desgranando ideas con las que algunos estarán de acuerdo y me temo que algunos más en desacuerdo, soy consciente de que muchos de mis hermanos en la fe están siendo objeto de persecuciones tan cruentas como las que se narran en la película. Hoy las tierras de Siria, India, Pakistán, China, Irak, Egipto, Nigeria, Chad, Sudán, Libia, Yemen… están siendo regadas por las lágrimas y la sangre de quienes han mantenido viva su fe, mi misma fe, y han sufrido y siguen sufriendo a causa de la misma.
¿Recomendarías, lector, a estos cristianos perseguidos y amenazados que vean “Silencio” diciéndoles que es una película muy buena? ¿Tú crees que a los sacerdotes, pastores de estas comunidades, les será muy edificante el contraejemplo de los jesuitas apóstatas de “Silencio”? No hablo de supuestos ficticios ni probables, sino de una realidad muy cruda que están soportando nuestros hermanos en estos países día a día mientras nosotros discutimos de cine. ¿Tú crees que esto tiene algo que ver con la comunión de los santos?
Yo no sé si en España se repetirá una persecución contra los católicos o no. Pero si volviéramos a tener que sufrirla, yo lo que necesito son palabras de ánimo y fortaleza de espíritu, porque me veo tan débil, al menos, como esos apóstatas. Y si eso se diera, querría tener en mi mente ejemplos de santos mártires, y a mi lado pastores que me edificaran porque van delante de sus fieles en la entrega gozosa de su vida, que es lo que han hecho todos los mártires de todas las épocas, no de gentes que sucumben a una flojera como la mía.

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LA LEYENDA DEL PIANISTA EN EL OCÉANO * * *

Director: Giuseppe Tornatore
Artistas: Tim Roth, Pruitt Taylor Vince, Mélanie Thierry, Bill Nunn, Peter Vaughan, Niall O’Brien, Gabriele Lavia, Alberto Vázquez, Clarence Williams III
País: Italia, USA
Año: 1998
Contenido: Ok

Argumento

Desde principios del siglo XX, se producen emigraciones masivas a los Estados Unidos. A bordo de lujosos trasatlánticos, además de elegantes burgueses, viajan también emigrantes. En el buque RMS Virginian, el carbonero Danny Buckman encuentra a un niño abandonado encima de un piano y decide adoptarlo. Le pone el nombre de Novecento (‘siglo XX’ en italiano). El barco es el hogar del niño, y los pasajeros, sus ventanas al mundo. Tras la muerte de Danny, alguien descubre por azar el talento innato del niño para el piano, y lo convierte en el pianista de a bordo. A través de la música, este insólito personaje muestra lo que siente dentro del limitado mundo de un barco que no se atreve a abandonar.
La película inicia con la historia de Max Tooney (Pruitt Taylor Vince), un trompetista que entra a una tienda para vender su trompeta por algo de dinero. Luego de dársela al vendedor, Max le pide que le permita tocar una última pieza; tras escuchar la melodía, el vendedor pone un viejo disco con la misma tonada, para sorpresa de Max, quien le pregunta al vendedor el origen del disco. El vendedor responde que lo encontró dentro de un viejo piano que compró de un barco que están desguazando en el puerto, el cual será dinamitado.
El vendedor, curioso por la hermosa melodía, le pregunta el nombre del pianista, el cual resulta ser Danny «Novecento» Boodman (Tim Roth). Max comienza a relatar la historia de Novecento, el cual fue encontrado a bordo del Virginian por Danny Boodman (Bill Nunn), uno de los carboneros del barco. Novecento iría aprendiendo todo de su padre adoptivo, hasta que este un día moriría debido a un golpe en la cabeza, mientras trabajaba.
Novecento vivió en el Virginian, el cual se convirtió en su hogar, yendo y viniendo de Europa a América, sin nunca pisar tierra firme. Max conocería a Novecento, al subir a bordo del barco como parte de la banda, y se harían grandes amigos.
La noticia de su destreza como pianista e improvisador se difunde a tal punto, que otro pianista ―el famoso Ferdinand «Jelly Roll» Morton (interpretado por el actor Clarence Williams III)― lo desafiará. A pesar de la aparente superioridad de este último en la ejecución de los temas de piano como «The Crave», es claramente evidente la habilidad innata de Novecento, quien se adjudica la victoria del mencionado duelo ejecutando de modo excepcional la famosa melodía «Enduring Movement».
Después del duelo, y con la fama instantánea por haber vencido al creador del jazz, Novecento grabó su primer y último disco —que es el disco que el vendedor encontró escondido en el piano— a bordo del barco. Novecento toca una hermosa pieza («Playing love»), inspirada por una mujer que pasaba por la ventana mientras él tocaba. Cuando termina de grabar, y al poner el disco para escucharlo, Novecento se da cuenta de que no quiere que su música grabada sea vendida masivamente. Entonces se lleva el disco, para sorpresa de todos los presentes. Luego de esto, Novecento intenta buscar a la mujer, de la cual se enamoró a primera vista, para entregarle el disco con la pieza inspirada en ella. Al no tener éxito finalmente rompe el disco después de que ella desembarca en Nueva York —más tarde en la película, se revela que fue Max quien escondió los pedazos del disco en el piano—.
A continuación, Novecento es convencido para desembarcar en Nueva York, e ir en busca de la chica; sin embargo, ya en las escaleras y con todos presentes para desearle buena suerte, éste se arrepiente y regresa al barco.
Más tarde, Max desembarca, despidiéndose de su gran amigo Novecento. Ya casi al final de la película, Max trata de impedir que el barco sea destruido —ya que el cree que su amigo sigue en el barco, a pesar de estar este abandonado desde hace años—, contando la historia de Novecento a los encargados de la explosión del Virginian, los cuales deciden darle un poco de tiempo para buscarlo dentro del barco.
Después de un intento fallido, Max regresa a la tienda de música, e intenta robar el disco —debido a que creía que solo así Novecento saldría de donde estuviera escondido—. El vendedor lo descubre y no solo le presta el disco, sino también un fonógrafo para reproducirlo. Ya con el disco y el fonógrafo, Max regresa al barco, reproduciendo el disco por todos lados, esperando poder salvar a su amigo de la explosión.
Finalmente, Novecento aparece, a lo cual Max le pide que baje del barco con él; Novecento le dice a su gran amigo que no puede bajar del barco, porque allí nació, allí creció y allí va a morir. Muy triste, Max regresa con el vendedor a contarle lo que había pasado. El vendedor le devuelve la trompeta a Max.

Datos

  1. Muy buenas actuaciones y un magnífico sonido. El espectador queda atrapado durante toda la película.
  2. Es una buena combinación de la ficción con la realidad de aspectos humanos conmovedores.

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